
| TEMPLO DE
LA VERA CRUZ DE SAN CIBRÁN LA PROMOCIÓN: Fruto de la labor pastoral del párroco don Luciano Evaristo Vaamonde da Cortiña (Moreiras 1880 – O Carballiño 1961) rector de la feligresía de San Cibrán desde 1930; su anhelo de dotar a la población carballiñesa de una sede parroquial que sustituyese a la obsoleta “iglesia vieja” sufrió la dilación de los avatares políticos y bélicos de la década de los 30. Concluida la guerra civil, en un ambiente más favorable a su iniciativa, recibe de la familia Fernández Pereira la donación de un solar en la zona que habría de ser ensanche natural del pueblo hacia la estación en construcción. La precaria situación económica de posguerra va a determinar la consecución de su objetivo. El templo, solo una parte del ambicioso programa de construcciones, no se concluirá hasta 1962. La promoción se afrontará por suscripción popular, constituyéndose una Comisión pro construcción del templo; las limosnas de los feligreses, iniciativas de todo tipo, tómbolas, funciones teatrales, eventos deportivos y el constante peregrinar del párroco por todos los organismos oficiales van a ser los instrumentos que harán realidad el sueño de don Evaristo. La reliquia de la Cruz llegada a O Carballiño en 1901 desde Tierra Santa como regalo del Patriarca de Jerusalén, Monseñor Ludovico Piave (la había llevado en su pectoral el venerado pontífice Pío IX durante sus últimos meses de vida) va a ser el estímulo y fundamento espiritual de la promoción y la inspiración para la formalización definitiva del proyecto. La primera piedra se puso el 25 de Junio de 1943 con la asistencia de las autoridades religiosas, políticas y militares locales y provinciales. EL ARQUITECTO: El impulso definitivo
a la empresa surge del desinteresado concurso del encumbrado arquitecto
Antonio Palacios Ramilo (O Porriño 1874 – Madrid 1945) autor
de los más destacados edificios públicos y privados de Madrid
en la primera mitad del siglo XX: Palacio de Comunicaciones, Banco del
Río de la Plata, Hospital de Jornaleros de Cuatro Caminos, Círculo
de Bellas Artes, Banco Mercantil e Industrial, Casa Palazuelo, Hotel Avenida,
Hotel Florida, Casa Matesanz, etc. Intervino decisivamente en los trabajos
de construcción del metro madrileño y redactó interesantes
propuestas urbanísticas para el futuro desarrollo de la capital. De su relación con su tierra natal surgieron otros importantes proyectos: Templo de la fuente y pabellón de embotellado, hotel sanatorio y Casa de Correos en Mondariz; en O Porriño el ayuntamiento, la farmacia Palacios y las escuelas Fernández Areal; la Virgen de la Roca en Baiona, el Templo votivo del Mar en Panjón. En Vigo el teatro García Barbón, el edificio de la Banca Viñas y el Monasterio de las Salesas; en Noia la Central eléctrica del Tambre. Autor muy prolífico buena parte de su producción no se llevará a cabo: planes de reforma urbana de Vigo, Vilagarcía, Santiago, Málaga, ermita de la Encarnación en Celanova, Templo votivo de la paz en Vigo, proyecto de reforma de la Catedral ourensana, parroquia de San Fausto en Chapela, parroquial de San Francisco en Santander, Santuario de la Gran Promesa de Valladolid, etc. Estos últimos proyectos de índole sacra van a ser el fruto de la generosa complicidad del arquitecto con la Iglesia y a ellos se entregará durante sus últimos años de vida; en ellos dejó grabada la pasión que animaba su ejercicio profesional. Arquitecto formado en el período final de
los historicismos en el que se practicaba una arquitectura ecléctica
de influencia francesa, se va a adscribir a las corrientes que van a ser
germen de la arquitectura moderna, surgidas desde la esfera vienesa. Desde
sus primeros trabajos va a integrar referencias formales de raigambre
hispana con un clasicismo cada vez más depurado de tendencia Dèco
que va a proporcionar a los escenarios de sus obras una imagen muy cosmopolita. En sus últimas producciones hunde su inspiración en las raíces de la cultura inmemorial, vernácula e histórica, para ofrecer renovadas y puestas al días las tradiciones que son seña de identidad de los pueblos. EL PROYECTO: Propone el arquitecto un conjunto de construcciones organizadas como un santuario que remite a la basílica mater del Santo Sepulcro, lugar donde apareció la Cruz sobre la que se funda el templo carballiñés. El complejo cultural se compone de iglesia (templo parroquial y votivo) claustro procesional con dependencias eclesiásticas y culturales y hostal de peregrinos integrados en un plan de urbanismo que va a ordenar la zona de ensanche del pueblo hasta el nuevo centro de comunicaciones de la villa que va a generar la estación del ferrocarril. El conjunto de edificios y espacios abiertos, plazas y calles, se compone al modo de los complejos catedralicios de la arquitectura histórica gallega con un planteamiento muy ambicioso y moderno de las futuras arquitecturas civiles. Este plan no se llevará a cabo. EL TEMPLO: Su tipología remite a la antigüedad tardía y a las citadas construcciones de época constantiniana. El compromiso entre plan central y basilical organiza los ámbitos del edificio en una secuencia ascendente sobre eje longitudinal: pórtico de ingreso, tramos de nave, rotonda del altar y ábside de la Cruz. El protagonismo espacial corresponde a la rotonda y deambulatorio, cubiertos con crucero y cúpula, inspirándose en las primeras iglesia y mausoleos de la cristiandad. Lo romano, lo bizantino y la influencia de la arquitectura de Císter quedan patentes (Oseira) pero con un tratamiento espacial audaz y diáfano. La tensión entre materia y vacío, entre lo estático y lo aéreo, la interacción entre estructura y envoltura, la transición entre penumbra y luz componen unos de los espacios más sugerentes, conmovedores y originales de la arquitectura sacra española del siglo XX. La vestidura pétrea del proyecto exhibe un código de referencias medievales muy depuradas y simplificadas, inspirándose en los templos - fortaleza de las órdenes militares y de las catedrales románicas gallegas (Santiago, Ourense y Tuy). La formalización, aparte de estas referencias muy sumarias a la arquitectura histórica gallega, destaca el protagonismo del material casi en estado natural, tal como la tierra lo ofrece, dispuesto según tradiciones constructivas locales (mampostería rústica, labrado elemental o presentación en bruto). La torre, con su más de 50 metros de altura, se convierte en el referente espacial y urbano del nuevo Carballiño que la apuesta de Palacios anticipaba. En ella la tensión entre macizo y vano produce una de las más insólitas vivencias del objeto arquitéctonico; trepar la escueta escalera suspendida en el vacío, que habilita los cuerpos superiores de la torre se convierte en una experiencia irrepetible; envuelto, encogido en ese fluir continuo del espacio, indiferenciado, no exterior ni interior, al atrevido escalador se le brinda en las alturas la contemplación de los extendidos horizontes y de los recortados perfiles de la villa. LA CONSTRUCCIÓN: Se hace cargo de la materialización del proyecto el maestro de obras Adolfo Otero Landeiro (Brués 1901 – O Carballiño 1956) formado en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo y que había realizado en sociedad con su familia política, y después con su empresa, los mejores edificios carballiñeses de la primera mitad del siglo: Asilo de ancianos, grupo escolar y casa de los maestros, Chalé Col, Chalé Mar, etc. La construcción se va a realizar por administración, haciendo la liquidación mensual de los trabajos con el párroco. La obra se comienza por el ábside y Palacios supervisa en persona periódicamente los trabajos hasta que el deterioro de su salud obliga al maestro de obras a acudir al domicilio madrileño del arquitecto a consultar y concretar el proyecto. El fallecimiento de Palacios, dos años después de iniciadas las obras, no impide que sus planes sigan haciéndose realidad. A la intervención del maestro de obras se debe la sustitución de la cúpula, proyectada como bóveda de hormigón armado, por una solución con ocho airosos nervios de piedra (constreñido por la escasez de hierro y de cemento y por la carestía del procedimiento); a él se deben también las soluciones a elementos poco detallados, como el coro o el altar en el centro de la rotonda (actualmente removido). También don Evaristo decidió sustituir el santoral gallego por un apostolado en el arco diafragma de la nave y que labró in situ Jesús Saavedra “o Santeiro do Irixo”. La obra continuó con el asesoramiento técnico de los ingenieros del ferrocarril (Roberto de Agustina) y de los arquitectos Alex Reinlein, José Barreiro y Manuel Conde. El 17 de septiembre de 1952, cerrado ya el espacio
interior, se consagró el templo y se abrió a los oficios
religiosos. Iniciada la torre, la enfermedad y muerte del maestro de obras
deja en manos de su hijo, Adolfo Otero Cerdeira, la conclusión
de las obras. Habiendo comenzado la obra 32 trabajadores en la cantera y en la Iglesia, hubo momentos en que llegaron a ocuparse de las distintas faenas más de cien empleados entre canteros, albañiles, peones, aprendices, carpinteros, herreros, etc. Fue un importante centro de formación laboral y de promoción social en momentos en los que el paro expulsaba a la emigración a muchos trabajadores. Fue una de las últimas grandes obras hechas con métodos y técnicas tradicionales; el transporte de materiales se hizo durante algún tiempo con carros de yuntas de bueyes hasta que don Evaristo compró un camión Hispano-Suiza. La elevación de los bloques de granito se hizo a mano con poleas hasta la mitad de la altura de la torre en que se decidió comprar un cabrestante eléctrico; el granito es el material empleado exhaustivamente, extraído de las canteras locales y comarcales y presentado con todas sus calidades plásticas y texturiales; Palacios explota en esta obra todas sus potencialidades constructivas y estéticas. Para las bóvedas se empleó la técnica tradicional (bóveda tabicada) : ladrillo cubierto con losas de pizarra del Paraño, de color gris plateado. Los ventanales se hicieron con un material industrial de nueva producción, la losa de pavés. El 18 de abril de 1961 fallece don Evaristo; el
querido pastor de la parroquia carballiñesa, ejemplo de la caridad
cristiana, vivió y murió en la pobreza que no quiso para
sus semejantes. Sus restos mortales van a reposar bajo su inmortal obra.
A mediados de los 60 se abandona definitivamente el plan de Palacios y el templo empieza a sufrir desafortunadas reformas y alteraciones: se traslada el baptisterio a la cabecera de la iglesia, se suprime el escalonamiento de los espacios retirando los originales pavimentos diseñados por Palacios, el altar también se coloca en el ábside cambiando la disposición centralizada y comunitaria del templo por una desusada concepción direccional y jerarquizada; para ampliar los confesionarios se mutilan las hornacinas que los alojan, se cambia la ubicación de la puerta principal y se sustituye la cubierta original de losa de pizarra autóctona por la actual ajena a nuestro entorno. El abandono del plan de urbanismo de Palacios y el crecimiento desbocado de la especulación inmobiliaria ante la ceguera y la ausencia de control público, invaden todo el entorno del templo, propiciando la imagen caótica que hoy ostenta el pueblo, tan alejada de las poéticas visiones del arquitecto. Rafael Otero Janeiro
CITAS:
“El conjunto, de una estructuración
compleja y elaborada, contiene uno de los espacios internos más
sorprendentes de toda la obra palaciana, potente y vigoroso y, a la vez,
sutilmente iluminado y movido”. “Y la piedad, ese don celestial, que
en frase del apóstol, para todo sirve, dio unción y poesía
religiosa a toda la obra, inspirándole la apacibilidad y recogimiento
del templo santo, que invita a la oración prolongada y fervorosa,
fin último, con la adoración, de todo edificio consagrado
al culto divino”.
“Antonio Palacios entendió en
esta obra los ritmos y tensiones del granito, por ello pudo utilizarlos
como recurso e identidad. El granito como una piel frontera entre el exterior
y el interior, una piel móvil que recorre formas y espacios como
lenguaje, como origen y motivo”.
“El arte con sus dedos de seda lo ha
refinado todo; la gracia artística con ese hábito imperceptible,
que opera insensiblemente, armonizando obstáculos y contratiempos,
hizo en este templo un conjunto de maravillas, que admiramos y no comprendemos”.
“Palacios decía que la obra debía
representar lo oficios y los materiales de la comarca”.
“La luminosidad de la rotonda evoca el
deslumbramiento que anuncia la proximidad de lo sagrado”.
"ESTILO Y CARÁCTER DEL EDIFICIO: |